domingo, 27 de abril de 2008

Mis peces

Vivo con dos ovíparos de respiración branquial: el señor Páramo y el señor Feudal. El señor Páramo es rojo, mayor y más pequeño que el señor Feudal. Creo que no soy la única que piensa que su nombre combina perfectamente con su carácter, aunque no sé si Juan Rulfo me resiente haberlo bautizado así, y sin su permiso. No tiene una mirada muy expresiva, el tipo. Pero cuando pego mi cara a la pecera se acerca, saluda y exige su ración diaria de comida de pez apestosa. O por lo menos yo pienso que lo hace. Tengo la sospecha de que es de tendencia izquierdista. Cuando fui a la tienda de mascotas la semana pasada me explicaron cómo distinguir si un pez es hombre o mujer, y desde entonces tengo dudas sobre su sexualidad. No importa, igual no le cambiaría el nombre. Señora Páramo suena horrible. De lo que sí estoy segura, es que él es la reencarnación de Gregorio Carlos Samsa, quien murió enigmáticamente después de una semana de haber estado bajo mi tutela. No estoy muy orgullosa de decir esto, pero ahora habita en la tubería. El señor Feudal es negro, y su cola casi forma un círculo perfecto. Tiene una nariz picuda y sé que si pudiera hablar me confesaría que tiene una obsesión con la palabra protoplasma, igual que yo. Lo extraño es que nunca lo he visto comer y casi siempre pasa suspendido a pocos centímetros del fondo de la pecera. Si los peces tuvieran pelo, él lo tuviera rizado.

1 comentario:

Yo Camino dijo...

Nunca había escuchado de un pez con nombres tan creativos, me encantó tu post :)