miércoles, 4 de junio de 2008

Zapapos

Mi sobrina (de menos de dos años) tiene una obsesión tremebunda con los zapatos (zapapos). El origen de esta obsesión es para mí in-ex-pli-ca-ble. Cuando conoce a alguien, los zapapos juegan un papel importante en la imagen que ella se forma de la persona. Si la persona anda descalza, pobre de ella. Una persona descalza no es de confiar.

Hoy fuimos al súper, y lo primero que buscó, fueron zapapos. Agarró un pequeño zapapo rosado, pequeñísimo (sospecho que ya sabe qué talla buscar). Lo agarró. Se aferró al zapapo. Se enganchó al zapapo. El zapapo tenía que ser suyo. Qué importan las muñecas, los globos. Qué importa toda esa sección infantil del súper (esa sección llenísima de colores y plástico) si se tiene un zapapo. Gracias a dios llegó mi mamá (abuela) y el zapapo pasó al olvido.

Los zapapos de mi papá le dan miedo. Creo que es porque mi papá tiene unos pies bastante grandes. Un día completamente aleatorio, mientras estábamos cenando, mi sobrina se metió debajo del mantel para ver nuestros pies y saber si estábamos usando zapapos, y que clase de zapapos estábamos usando. Fue en ese momento en el que mi papá le dijo algo que probablemente nunca voy a olvidar: “Mia, ahí donde termina el humano, ahí empiezan los zapatos.”

1 comentario:

Lucas dijo...

Sabes, Mia es la encargada de separar las fibras del universo. Puedo afirmar esto con plena confianza porque es un oficio que compartimos todas las pitonisas---ejem, ejem---Ella, que fue mi compañera en la Oracles College of England (OCE), realizó un estudio sobresaliente sobre las interpretaciones morfológicas del uso de calzado a finales del siglo XVI. Fue aclamado por todos los estudiosos de la época. Gracias a mi fetichismo incomprendido y a la popularidad de su trabajo logré acercarme a alguien que quizás comprendería de pies y metafísica.
No tardamos mucho en ser amigos y para el final del semestre de graduación, cuando nuevamente tomaríamos formas humanas, ella sorprendió a todos declarando que, esta vez, dedicaría su vida por completo a la investigación de la imagen, importancia e incidencias de las agujetas para los pedestres de la era.
Mi proyecto sobre las permutaciones de mariposas en un país sin arena, más modesto en sus alcances y circunstancias propicias, me hizo sospechar que no volvería a encontrarla en el ajetreado mundo al que se enfrenta una pitonisa. Cuando la vi sentada en tu cama en tu cama por primera vez no podía creerle a mis ojos (y sospechaba que yo, torpemente, había perdido práctica en la lectura del futuro)
Ella que ya parecía saber del momento en que entraría (¡obvio!) me miró fijamente y con su usual sonrisa de dulce crimen me contó, en un lenguaje no verbal acentuado magistralmente, sobre hombres calvos (fijación compartida) y juegos de ajedrez que dejamos pendientes desde la revolución industrial. Ella se fue entre los brazos de tu mamá y dijo adiós aún sin deshacer la mirada. Pocos segundos después recordé que tu mamá había sido nuestra maestra de Epistemología básica del azar con aproximación al pensar del unicornio I y todo me resultó completamente lógico de nuevo. Sucia.